Estamos en una era muy tecnológica donde el acceso a la tecnología más que un privilegio, me atrevo a decir, es parte de la naturaleza humana. Todo niño, desde que nace, interactúa con esta tecnología la cual pasa a ser parte de su entorno natural (aunque sabemos que hay países que no tienen esta experiencia, y hablo desde mi entorno).

Hice la pasada premisa como base para lo que hablaré a continuación:

Varias de las quejas que a menudo escucho por parte de los diseñadores gráficos es que a la hora de ser contratados sus estudios no son tomados en cuenta, por lo tanto, trabajos que están supuestos a ser dirigidos a ellos están pasando a manos de supuestos diseñadores. Son estos los que sin formación académica alguna indican que el proceso de preparación de un diseñador es tan pobre que ellos sin tener ningún tipo de estudio son capaces de desempeñar mejor el trabajo que uno que ha estudiado. En mi opinión, creo que ambos puntos de vista están correctos. Mi aportación a una discusión sobre el tema es simplemente traer a consideración lo siguiente:

Hay homogenización de tecnología

Hoy todo diseñador gráfico tiene acceso a las mismas herramientas que cualquier otro. ADOBE más que un monopolio en los software desarrollados para el diseño grafico, ha homogenizado las herramientas usadas. Quiero decir, que ahora la excusa de que alguien usa una herramienta y otro usa alguna diferente, es cosa del pasado. PhotoShop es el mismo en todo el mundo, así que lo que dictará el tipo de trabajo es solamente las manos que están detrás del programa.

Estudios vs. No estudios

Es casi un hecho que las personas que se forman como diseñadores gráficos  deberían (siempre hay sus casos aislados) estar más preparados que aquellos que no tienen una educación formal del diseño. Estos diseñadores formados deberían de tener más recursos a la hora de diseñar.

En conclusión, nuestra profesión es una muy dinámica y cambiante. Así que en vez de estar en polémicas sobre quien es mejor deberíamos de estar pensando en que podemos hacer para mejorar nuestra profresión.